La automatización industrial se ha centrado históricamente en el principio de control, asegurando la eficiencia mediante la regulación de sistemas dentro de límites predeterminados. Sin embargo, con el auge de la digitalización y la conectividad, la siguiente fase de la evolución industrial enfatiza no solo el control, sino la conciencia y la interpretación. El enfoque ahora está en crear sistemas que no solo observen sus entornos, sino que los comprendan. Este cambio, de la automatización funcional a la automatización reflexiva y la inteligencia situada, marca una transformación significativa en la forma en que operan las fábricas.